SEGUNDAS PARTES

2 06 2014

¿nunca fueron buenas?
Nunca lo sabremos, hasta probarlo.

Un día me fui a la orilla de un río a leer Brida. No es que el libro no fuera inspirador, por el contrario… pero, ¡te lo juro! el río me llamó.

Así también me pasó ayer, cuando me hallé de pronto escuchando al árbol frente a mí. Movía sus hojas como alborotando los brazos para llamarme. Era el árbol con más hojas cafés, el del medio en una fila de siete árboles. Entonces recordé — es el que me regaló su sombra y el calor de su tierra, una tarde de caos.

De Brida me gustaron muchas cosas. Para empezar, la expectativa, la espera. Esperé cinco años para leerlo, o mejor dicho, la esperé cinco años para reconocerla. Mientras no la conocía, inventaba cómo era, quién era, qué le gustaba, ¿qué buscaba?, cómo terminaríamos conociéndonos, o simplemente encontrándonos. Porque cuando ya conoces a alguien, llega un día en el que  Simplemente tienes la certeza de que ese día llegó.

Brida y yo comprendimos juntas algo que nos atormentaba: ¿tengo otra parte? ¿quién es mi otra parte? ¿cómo sabré si alguien realmente lo es? Brida me enseñó que somos polvo de estrellas, que las constelaciones enteras han formado parte de nosotros algún día, en algún otro tiempo, en alguna otra vida. Tú eres mi otra parte y quizás ya te encontré. Quizás aún necesitamos otra parte, algo que fuimos en otro tiempo. Ahora sé que la búsqueda de tu otra parte es como el mismo universo. Es constante, infinito pero limitado, aunque nunca conozcamos ese límite. Y he ahí donde reside la belleza de encontrar otras partes cada día… nunca estaremos completos, si nunca nos sentimos incompletos.





28 05 2014

Amo mi vida. No por perfecta, sino por mía.

Día largo. Antes, al llegar a casa me habría tomado un vaso coñaquero con bourbón, ginger ale, lima-limón y agua… a partes desiguales. Hoy, en cambio, me fui de la oficina a las cuatro en punto, pedalié dos kilómetros con el viento frío, recogí el correo del buzón, entré a casa, puse música y comencé a escribir esto. Pero no me de un crédito que no tengo, o crean que he cambiado, o que encontré el único sentido a la vida… el vaso coñaquero no figura, ¡simplemente porque no lo tengo!

 Amo mi vida. No por perfecta, sino por mía.

Dos años. Hace dos años nos dimos el sí frente a una jueza. Dos años que hoy festejamos con flores. Aunque el sí es mucho más que eso, es tan largo, complejo, extenso, completo… indefinible, pues no puede ser definitido o delimitado. El sí es hace dos años, es ayer, es hoy y seguira siendo atemporal mientras queramos, mientras estemos, mientras seamos. Te amo. Feliz aniversario.





13 05 2014

“La almohada aún caliente guarda vida”
Laura Pausini

Vamos dejando vida por doquier. En donde estamos, y aún en donde ya no estamos, dejamos un trocito de nosotros. Hay días que estamos más conectados a donde no estamos; a veces pienso que son lazos uniendo nuestras piezas a través del tiempo; caminos antiguos, que con la existencia de un camino nuevo, poco a poco dejamos de transitar.





8 05 2014

Imagen

A veces hace falta irse para poder volver
ERNEST FOLCH

A veces hace falta irse para poder volver, ¿verdad, Cesc? Hay que hacer las maletas con un nudo en la garganta para aprender a querer lo que es tuyo. Hace falta renunciar a los sueños para poderlos seguir teniendo. Hay que comenzar el viaje aunque no sepas cómo acabará. Un día pasa el tren y sabes que debes subirte a él porque sabes que no pasará otro más. Que te has de ir solo para evitar el miedo a quedarte. Y solo entonces, te das cuenta de que ya eres otro, que en el camino de la vida la única renuncia es quedarse quieto.

Y te vas a Londres. Cambias el césped de aquí por el de allá, más verde pero menos tuyo. Sufres. Te arrepientes. Creces. Aprendes. Quieres. Conoces a gente nueva, comidas nuevas, sensaciones nuevas. Te arrepientes de haberte arrepentido.

Muchos años después, vuelve a pasar el tren, pero esta vez es de vuelta. Ya eres mayor y ha llegado la hora de cerrar el círculo que abriste con 15 años. Tu Barça te llama y ya sabes el camino: solo debes seguir a tu corazón. Hay que volver a hacer las maletas, pero ahora con mariposas en el estómago. Vuelves con tu victoria, que es la riqueza de tu viaje. Vuelves con una sonrisa, seguro de haber vengado la partida. ¿Ves como valía la pena?, te dices a ti mismo. ¿Ves como había que coger el tren?

Consumado el triunfo del retorno, queda aún lo mejor, el último reencuentro. Zarparás con la barca de siempre al mar de siempre con el sol de siempre. Después de tanto tiempo, todo es idéntico y a la vez todo es diferente. Por eso hoy no navegarás solo, sino con tu amigo Hideki, viajero y aventurero como tú. Tus gambas con sus manos, el mar de aquí con la cocina de allá, es aquí donde se encuentran vuestros caminos. Cae el sol de invierno justo para que los últimos rayos conviertan en oro la cerveza más esperada. Has cumplido el pacto y te mereces el premio que un día te prometiste: la espuma blanca le explica a tus labios que el tiempo no pasa en vano. Y ahora es mejor porque no es solo tuya. Ahora la puedes compartir.

A veces hace falta irse para poder volver. ¿Verdad, Cesc?

El Periódico, Jueves 7 de Febrero del 2013
http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente/ernest-folch-veces-hace-falta-irse-para-poder-volver-2312653





8 05 2014

“Señales en en el cielo, noticias en la tierra…”
Incendio y temblor. Fuego y tierra llenándonos de su fuerza, transmutando y reacomodando con amor.





5 05 2014

Cuatro de la mañana, el momento más oscuro de la noche, la antesala de la luz. Cinco de la mañana; no es la primera vez que nos sorprende la madrugada, y no será la primera vez que llega para renovarnos, transformando la noche anterior y la anterior y la anterior. Tu noche cobijó tantas cosas, y hoy las convierte en fuego, que luego nos traerá cenizas, que nos recordará de nuestra irremediable levedad. Hasta hoy fuimos tierra, adobe, paredes, y el día siguiente llega intempestivo, presuroso, a volatilizar lo que fuimos y recordarnos, que siempre hay nuevos comienzos.

Quisiera regalarte el aire que resopla aquí, y que haga eco hasta donde tú estás.

Nunca pensé que la distancia fuera tanta. Que pesara tanto.





Premonición

24 12 2009

“…cuando al punto final de los finales
no le siguen dos puntos suspensivos.

Peor es no querer saber quién eres,
agua pasada, tierra quemada,
que de igual esperarte o que me esperes,
que no seas tú entre todas las mujeres,
que la cuenta está saldada”.

Joaquín Sabina, Agua pasada

Soné con una fiesta en la casa de mis papás. Yo estaba en el comedor, viendo la televisión y observando a todos pasar.

Mi papá salía a comprar más carne para asar. Mi tía Milka y mi tío David venían a decir que también compraran otra red porque ya sabían que esas no aguantan más de ciertas horas. Yo preguntaba de qué era la red, ¿de fútbol, de básquetbol, de vóleibol?

Al rato me ponía de pie y caminaba hacia la sala. Ahí estaba un cobertor y una almohada acomodados detrás del sillón, junto a la ventana, donde amí me gustaba dormir. Me hacía un lugar junto al sitio de dormir y me recostaba en la alfombra. Me acercaba a la almohada, tratando de identificar el olor.

Después me iba hacia el antecomedor pasando por la cocina. Me sentaba y mientras tanto, entraban del patio muchas personas: ahí iba Alex — mi primo; y en la mesa, Pepe — mi hermano a mi derecha y mis tíos Milka y David a mi izquierda. Hablaban que Alex había alardeado de vender una casa que valía veinticinco mil dólares en casi ochocientos mil. Yo interrumpía con tono de gerente de soporte, diciendo: “¡esas son mamadas! — de reojo veía a mi papá y corregía — ¡esas son tonterías! si Alex está exagerando, hay que hacérselo saber, pero claramente ir y decirle que eso está mal. Yo abría la discusión y me iba al baño.

Mientras veía como la gente seguía entrando a la recamara, vislumbraba el pasillo de la mesa del teléfono; entonces entraba al baño y pasaba de largo a quien estaba frente al espejo.

De frente a la ventana, me limpiaba la cara y después sacudía mi nariz. Observaba algo en la pequeña ventana, cuando alguien detrás de mí me decía: “sólo te faltó el último martillazo”. Yo me daba media vuelta y sonreía mientras decía: “a estos martillazos yo no fui invitada”. Me acercaba y nos abrazabamos, luego con un gesto de medio abrazo avanzábamos a la mesa, otra sonrisa y cada quien volvía a su sitio.








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