El rapto

16 02 2008

“Hoy será mi día, me la llevaré leve,
pase lo que pase, voy a llevármela leve,
pase lo que pase, la vida me sonríe”.

Jarabe de Palo, Voy a Llevármela Leve


Erasmo estaba seguro que la habitación de Alexa era blanca; las velas sobre su buró y el edredón de su cama eran rojos. Hacían juego con sus cortinas gruesas rayadas en rojo y blanco.

Cientos de veces, había soñado con aquella habitación, aquel rojo tan intenso que se convertía en pasión desbordada, derramada una y otra vez dentro y fuera de Alexa, en todas las posiciones, en todas las ocasiones.

Un jueves por la mañana, despertó como siempre – entre los restos de una noche de pasión en donde no estuvo nadie más que él. Se levantó, vio el calendario y decidió que era el día perfecto para cumplir su sueño cada vez más recurrente. Una ducha rápida, cien pesos y sus cigarros fueron sus únicas armas.

Al cruzar la calle se sentía tan excitado que dudaba si regresar un momento a casa o seguir y evitar preámbulos. Se sintió obsceno, pervertido; en la esquina del edificio frente al suyo, vio el numero ocho. Ahí estaría Alexa, como la había imaginado.

Hubiera preferido no meter su mano en la bolsa del pantalón, pero ya había pedido uno de los canastos con flores adornadas por un bosque plástico con olor a gel de rosas frescas. Tampoco hubiera querido mover su chaqueta cubriendo el cierre de su pantalón, pero fue valiente: tomó el canasto, pagó y entró al edificio.

Al centro, un patio florido lo invitó a fumar. Sin soltar su canasto, sacó y prendió un cigarro. Fumó despacio, el humo dibujaba la escena de su encuentro con Alexa; de pronto sintió miedo, una bocanada dibujó al padre de ella y entre la tos que le produjo el susto y la pasión que endureció aún más sus ganas, se decidió; aún con su cigarro subió y empezó a ubicar cuál sería la ventana donde la vio antes que en sus sueños.

Escuchó una puerta abrirse, no supo qué hacer; se escondió junto a una ventana y dejó el canasto en el piso. Dio vuelta y la encontró – Alexa se dibujaba tras el cristal. Sintió un intenso pero breve calor en su yema. Sacó otro cigarro, lo prendió y de nuevo el humo dibujó el rostro paterno; no quiso más humo, soltó esta vez el cigarro casi entero. Pensó sentirse descubierto y eso lo excitó más; un calor que empezó a efervecer en él le hacía sentir muy real el próximo encuentro.

La toalla que cubría a Alexa era perfecta, ella empezó a desenvolver su cuerpo y él notó en ella una pausa brusca, se entregó a la imaginación y cerrando los ojos, hurgó dentro de la bolsa de su pantalón. A ojos cerrados y respirando agitado, alcanzó a oír un ruido…

Pasaron tres segundos: primero cerró la boca, su profunda inhalación le trajo un intenso olor a hule quemado. Enseguida abrió los ojos y ella no estaba a la vista, intentó sacar su mano de la bolsa, pero el humo lo desconcertó. Al siguiente segundo, Alexa en la puerta, una nube de humo oscuro, Alexa tose, el baja el rostro.

De aquel encuentro sólo quedó un cartón en el suelo con cinco breves letras: “te amo”.

Ejercicio de trama y discurso. Basado en “El Rapto” (Betancourt)
Taller de Narrativa
CAAV – Febrero 14, 2008. Guadalajara, Jalisco.
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¿Súbitamente?

4 02 2008

Apenas entró el primer soplido de polvo, el flamante tapete supo que la hora se acercaba. Tal vez el tiempo en que él solía dormir de día y de noche, había terminado.

Vió entrar a alguien, oyó pasos y hasta contó los latidos por segundo de su nuevo inquilino.

¡Es niña! – pensó. Sabía diferenciar el ritmo cardiaco de ellos y ellas. Erizó sus cabellos mientras esperaba que algo o alguien le dijera más al respecto.

¡Que alguien la distraiga para poder voltear y mirar todo! Fue inútil; “la piña”, como pensó llamarle a su nueva huésped, ya se había instalado en el sillón detrás de él. Su paranoia lo invadió, sentía que ella lo miraba y planeaba algo “a sus espaldas”. Intentó gritar, mover los brazos que guardaba bajo aquella mesa de madera… Nadie lo veía, nadie lo oía y nadie vendría a rescatarlo de su nueva enemiga.

¡La unión hace la fuerza! – pensó, pero de inmediato él mismo contestó – ¡no, no, no: divide y vencerás! Entre estrategias, escalofríos y temblores, empezó a ver cómo se oscurecía la habitación. Ahora aunque quisiera encarar a “la piña”, no podría: ¡¿cómo encontrarla en medio de la oscuridad?! Lo entendió y lentamente fue callando su miedo… fue oyendo más y mejor… Y así, sin pensarlo fue descubriendo toda la dulzura que a veces escondía “la piña” debajo de su áspero caparazón.

¡Ana, Ana! – escuchó a lo lejos, “la piña” dió un brinco del sillón y él sintió los pasos yendo hacia la puerta… vino otra vez aquella tormenta de polvo.

Taller de Narrativa
CAAV – Enero 29, 2008. Guadalajara, Jalisco.