Autodestrucción

29 12 2006

“Creedlo, para hacernos amar no debemos
preguntar nunca a quien nos ama: ¿eres feliz?,
sino decirle siempre: ¡qué feliz soy!”

Jacinto Benavente

Hay veces en que uno siente tanto que alcanza hasta para los demás.

Ayer, además de autodestrucción, sentí algo de amargura, frustración y hastío.

A veces creo que eso (me) pasa por permanecer ciega, por no conformarme, por ensodercer.

  • Sin darme cuenta, ayer inicié el día acomodando muebles y objetos en mi casa, me fui a la cama a las cuatro de la madrugada; tan no me di cuenta, que antes de dormir salí al Oxxo a comprar un café.

  • Tres o cuatro horas después debía levantarme para ir a trabajar. Efectivamente desperté, pero ciertos malestares me hicieron optar por quedarme a descansar… y el reposo me sentó bien.

  • Salí de mi casa luego del mediodía para hacer unos pendientes, todo el día estuvo lluvioso el clima, el tráfico pesado y los baches a la orden del día.

  • Ni tardo ni perezoso, el auto (que no era mío, pues el mío está descompuesto) cayó en uno, cortando la llanta.

  • Algunas calles después nos dimos cuenta que la llanta estaba casi vacía, al echarle aire supimos que además de vacía, estaba rota.

  • Cuando veíamos el desponchado al otro lado de la calle, algún carro pasó y nos aventó un buen remojón de agua del cielo tratada… tratada por toooodos los coches que pasaron antes.

  • Salimos del desponchado y conduje yo, antes de avanzar una cuadra un camión pasó por mi derecha y nuevamente me empapó.

  • Imediatamente después de estacionarnos para ir a comer, llama cierta mamá dueña de cierto carro y nos dice que lo necesita de inmediato. Fue como si me quitaran el bocado de la boca.

  • De inmediato fui y me quedé con mi hermano (sin noticias de mi carro) y ahí fui viendo como mis planes se iban directo y sin escalas a la basura.

  • En este momento opuse toda mi resistencia a permanecer ciega, a no conformarme y a ensodercer.

  • Finalmente, caminé entre veinte y veinticinco minutos, comimos y después salimos.

Por eso digo que hay días malos, pero hay otros que provocamos, que no nos detenemos ante malos augurios.





Autonomía

27 12 2006

“Estando siempre dispuestos a ser felices,
es inevitable no serlo alguna vez”.

Blaise Pascal

Luego de algunas fiestas, ayer volví a casa. A mi regreso, mi autonomía me recibió con una bofetada con guante blanco:
– Como quería, regresé a casa y no estaba movido ni el calcetín que quedó bajo la cama.
– Fui a trabajar, salí e hice compras, todo bajo mi decisión.
– Cuando volvía de llevarle su auto a mi mamá para ir por el mío, venía de regreso y se descompuso… autónomamente encontré ayuda.





Historias inconclusas

20 12 2006

“El amor verdadero no espera a ser invitado,
antes él se invita y se ofrece primero”.
Fray Luis de León

 

Hoy comí en Subway. Fue inevitable recordar una canción que oía hace años, donde dice: “…y que el café me sabe a poco. Lleno de nada, hueco todo”. No saboreé la comida, no pude. Luego caminé y pasé por algunas mueblerías, no encontré nada que me gustara, pero tampoco lo busqué con muchos ánimos. Mientras caminaba, hacía viento frío, llevaba abierta la chamarra, así que se doblaba y volaba un poco sobre mi blusa.

 

Desde hace años quería vivir en la colonia donde vivo ahora, no sé por qué, pero me llamaba la atención vivir ahí. Aunque estoy lejos de mi trabajo, me gusta pasar tiempo conduciendo porque mientras voy por las calles pienso mucho, recuerdo y organizo. Desde que salgo de mi casa empiezo a disfrutar el camino, en la primer esquina volteo a mi derecha y veo un cerro bastante lindo, luego voy por avenidas principales en donde me gusta ir viendo a la gente, oír algún disco o sintonizar la radio.

 

Iñaki ya está mejor, ahora lo veo contento, sus hojitas dejaron de caerse – tanto – y se ven verdes. Mi mamá me recomendó transplantarlo cuando la luna esté en su cuarto creciente, así que como dijo ella: “estoy cuidando el calendario”.

 

Este fin de semana habrá una comida familiar, como había dicho antes, estaba entusiasmada en ir, pero ahora se me han ido quitando un poco los ánimos, no sé qué ponerme, me da un poco de pereza el viaje, en fin, será que ante todo, siempre me he resistido a la formalidad.

 

La última vez que cociné spaghetti fue hace más de un año. La última vez que comí spaghetti fue hace ocho días. El spaghetti y todos los platillos con tomate, por lo general son mis favoritos. Tal vez lo heredé de mi papá, recuerdo lejanamente cuando mi mamá preparaba entomatadas para comer, a él le gustaban.

 

Anoche mientras le ponía aceite a las puertas de mi casa recordé cuando vivía con mi mamá y las ocasiones en que me pedía que hiciera eso: era mi peor pesadilla… será algún síndrome, pero raramente anoche lo disfruté bastante.

 

Casi siempre cuando escribo hago la última lectura y cambio el orden de algún párrafo, no sé por qué lo hago al final, pero torna el escrito en algo diferente.





Pensando en voz alta

19 12 2006

“Tu casa es casa de locos
y tú también otro poco
por seguir allí y no venirte aquí conmigo”.

Ricardo Arjona, Casa de locos

 

Hoy me cambio una vez más de casa y no puedo evitar volver a ver lo que antes ya compré, lo que antes ya elegí y ahora ya no tengo… Y lo volvería a comprar, pero estoy segura que esta vez será diferente, no sé con qué rumbo, pero cada vez creo más que mi vida cambia y de algún modo mejora.

 

Ayer anduve de una tienda a otra sólo viendo, llegué tarde a casa y seguí limipiando, pero mientras escuchaba el silencio (antes de poner música) pensaba esto:

– Me gustaría tener una mesa linda, tal vez la mayor parte del tiempo, puesta para dos.
– No me decido si escogerla verde. Siempre me quedé con ganas de verde.
– En mi recámara (que ahora no tiene más que mi cama) quiero un par de cuadros largos emarcando la cama.
– Como no pondré mesas de noche, quiero en tres repisas esquineras en donde poner una foto, una vela y un reloj.
– Ya casi me decido por el despachador de champú, creo que también compraré un radio con espejo para la regadera. Sólo me falta ver que tenga canastilla para poner otra indumentaria.
– Para la sala compraré persianas blancas, para mi para el cuarto de tele – estudio compraré una cortina de bambú y para mi recámara aún no me decido, tal vez lo mejor sería cortinas, para que haya variedad en casa.
– En Fábricas de Francia vi un portallaves hermoso… pero no sé cómo irá a quedar la sala para ponerlo.
– Necesito encontrar un sofá bonito y barato… buen dilema, ¿no?

 

En fin, estos pendientes son sólo del mobiliario, aún me faltan los de infraestructura





Resumiendo

18 12 2006

“Nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos,
cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos,
pero todo se acaba, ya es hora de decirte ciao,
me ha citado la luna en Corrientes esquina Callao.”

Joaquín Sabina, Resumiendo

 

Cruda. Hace días amanecí con todo revuelto por dentro, con sosiego luego de la tormenta, pero sólo sosiego, no remedio. Sentía que de pronto todo se movía, todo gira en torno a mí. Límites… es lo que necesito.

 

Apariencias. A quien diga que las mujeres hacemos prácticamente rituales cuando nos reunimos, le diré que jamás ha observado a aun grupo de hombres. Su plática, sus preocupaciones, sus saludos y demás roban súbitamente mi atención.

 

Mudanza. Aunque me ha gustado, a veces me siento francamente cansada de hacerlo, no sé cuál será la definitiva. La primera vez no tenía nada, excepto libros*. La segunda muchas fotos**, un pasado y más libros. La tercera cargué ilusiones, esperanzas… fé, pero la maleta se desfondó así que llegué a otra casa con pedazos de los que traía conmigo. La cuarta y más reciente, dejé algunas cosas, empaqué más muebles, más ropa, menos fotos**, más música, más películas y un par de raquetas de tenis. De pronto creo que el proceso de cada mudanza ha sido un resumen de la etapa que precederá.

 

Libros*. La ventana al mundo que desconoces. Todo a lo que se puede aspirar y que no has tenido, a través de un libro es como se ha vivido y como se conoce.

 

Fotos**. Lo que queda del ayer. De las pocas defensas que tenemos contra el tiempo; cuando no queremos que algo se vaya, lo fotografiamos.

 

Ces´t la vie. Qué rara es la vida… Uno puede tener miedos, problemas, dudas… soledad, pero no por ello dejas de levantarte cada día, para buscar trabajo, por ejemplo.





Cercanía

14 12 2006

“Nuestro corazón tiene
la edad de aquello que ama”.

Marcel Proust

Ayer poco antes de la media noche salieron de la ciudad mi tía, mi mamá y mi hermano (mayor), iban porque hoy sometieron a mi abuelita a una cirugía, le iban a insertar un catéter. Mi mamá por momentos se mostró pesimista, tomando en cuenta los antecedentes médicos (dos infartos) y la edad (septuagenaria) de mi abuelita se decidió a ir para estar antes y después de la intervención.

Debo admitir que en mí también se activaron algunas alarmas, pero una vez más y ahora en público, doy gracias a Dios por la salud de mi abuelita y por las bendiciones con que ha colmado siempre a mi familia.

Alrededor de las cuatro de la tarde, le envié un mensaje a mi mamá y casi a las seis me contestó: “Le fue bien ya está en casa, no estaban tapadas las arterias” así que además de la buena noticia, me alegra mucho sentirme bendecida, feliz y cercana a mi familia. Cuando leí el mensaje, casi al instante contesté: “Qué bueno, saludos a todos y un abrazo a mi abue, hoy me quedo otra vez con Flor y los esperamos mañana, que tengan buen viaje”.





Límites

14 12 2006

“Sólo cabe progresar
cuando se piensa en grande,
sólo es posible avanzar
cuando se mira lejos”.

José Ortega y Gasset

Dijo Saúl el otro día: “hay limites para todo y cuando se sobrepasan es cuando empezamos a sufrir de más”. Qué acertado, además esto me hizo pensar en muchas cosas; escribo un poco de lo que pensé:

Últimamente he pensado – más de lo normal – que nunca me he ganado ningún premio, ninguna rifa, ni siquiera boletazo, cortesías… nada; definitivamente nada. Entonces mientras reflexionaba eso, salí a comer y noté cómo pasé junto a un señor que vende lotería y no me ofreció (¡!) así que decidí ni siquiera preguntar, porque no sé ni cuanto cueste un cachito o un entero… en fin, la lotería no será lo mío.

Seguí caminando, llegué a un puesto de revistas, no pude elegir ninguna revista y en cambio compré el periódico. Al cruzar una calle vi en un carrito algunas plantas, de inmediato pregunté por uno y el vendedor – que sí me lo ofreció, no como el de la lotería – me dijo: “es un árbol de la abundancia” y ¡clin! fue como si se encendiera un foco en mi cabeza y se dibujara una carita felíz… Ahí decidí llevármelo, pero antes pregunté el precio…

Creo que soy considerada con los vendedores. Aunque regatear sea un reto, tampoco me paso, cuando estoy insistiendo discretamente en bajar el precio, suelo pensar: “bueno, bueno… tampoco le voy a quitar su ganancia” así que dejo de insistir, saco el billete y pago.

Desde ayer tengo a Iñaki, mi árbol de la abundancia, o científicamente, un “portulacaria afra” igualito a este. Decidí llamarlo Iñaki, porque siempre me ha gustado el nombre y hasta ahora puedo elegirlo.

Tal vez este año no me saque la lotería, pero seguro tendré abundancia, por lo menos como compañía.