Historias

6 07 2006

“La gente se arregla todos los días el cabello.
¿Por qué no el corazón?”

Proverbio chino

1

Ella tiene diecinueve años y está casada; estudia y trabaja; tiene un trabajo estable, relajado y dentro de lo que cabe, bien pagado. No necesita más; tiene tiempo para su escuela, su trabajo, su matrimonio y para ella.

De pronto, su esposo logra irse a Estados Unidos a trabajar; las cosas están bien; les está yendo bien. Lo que se planeó como un par de meses se va convirtiendo en tres, cuatro, cinco… meses separados. Ahora sí empiezan los problemas: el distanciamiento. Ella inicia viajes relámpago para visitar a su esposo. Pasa veinte horas de ida y veinte horas de vuelta en un camión para ir a verlo. Las cosas mejoran, corrección, el punto crítico tiene un leve retroceso y ambos acuerdan que pueden salvar su matrimonio.

En ella cambia un poco el carácter, ahora es seria y retraída. Luego de uno de sus viajes, llega un día a su trabajo y le avisa de su renuncia dentro de veinte días. El día de la despedida, ella no muestra ni felicidad ni tristeza ni nada: se ha vuelto inexpresiva. Y en vez de agradecer la despedida, justificar su renuncia o prometer que seguirá en contacto – como los demás – sólo dice: “A veces hay que sacrificar para salvar tu matrimonio. Eso hice y allá voy”.

2

La novia de Ricardo tiene 26 años y él es un poco mayor. Ricardo y su novia llevan dos años de novios; la conoció como “la hermana de un amigo cercano que acababa de mudarse” y luego de estos dos años, deciden vivir juntos – en contra de la familia de su novia, sin incluir a su hermano, claro – así que deciden probar suerte y comparten su vida y su casa por otros dos años. Ambos tienen trabajos prósperos, viven bien y son felices, así que comienzan a planear una boda para ese mismo invierno. Por noviembre se casan y deciden iniciar otra etapa mudándose.

La familia de Ricardo está feliz, pues él se casa y se ve feliz. La familia de la novia ya no tiene nada que pedir – sólo que no vivieran tan lejos – pero medidamente están satisfechos.

Luego de unos meses Ricardo y su ahora esposa se divorcian. A pesar de haber vivido su relación por etapas y haber ido evolucionando, finalmente, el matrimonio se acaba. Ricardo fue infiel y ella no lo perdonó.

– – –

Todos hacemos intentos por salvar el amor: el amor que sientes por otro, el amor a ti mismo, el amor a lo que haces, el amor que entregaste… Cada quien, a su modo, lo salva.

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2 responses

7 07 2006
Sirienta

Igual, siempre invariablemente, cada quien a su modo lo mata, lo va matando. Si no, no tendrias nada que salbar

9 07 2006
Clarice

Primero debemos salvarnos nosotros mismos. Huir hacia adentro hasta que llegue el sosiego.

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