“Me dejé querer todito
con cuidado y despacito
pa´ sentir más el amor…”
Sasha Sokol, De los pies hasta la frente
Hoy iba a tomarme unas micheladas con mis compañeros de la oficina. También iba a lavar mi ropa. Cuando me di cuenta que ninguno de los dos planes se hizo, decidí que iba a llegar a un Starbucks, tomar café y navegar un rato por Internet.
Finalmente, al tomar Avenida Américas – hermosa calle – había mucho tráfico y me dio cierta flojera. Entonces seguí el camino…
…Dos cuadras antes de llegar a casa, llegué a un semáforo que tiene un tiempo en el que los dos sentidos están en rojo – sí… lo que usted está pensando es correcto: nadie avanza –
Por descuido, me adelanté demás y al sentirme insegura, decidí pasarme – el otro estaba en verde pero no venían coches – apenas hube visto la banqueta de enfrente, apareció una luz amarilla y un claxonazo. Di la vuelta y me detuve.
Esperé tranquilamente que el oficial de vialidad llegara a mi ventanilla, no apagué el motor ni puse en mudo la música y seguí esperando… él se sorprendió – no sé si esperaba ver a un ranchero en mi pick up – yo ya le rezaba al “Santo del Semáforo en Rojo” porque de los pocos puntos que conozco de la ley de tránsito de Jalisco o la Zona Metropolitana de Guadalajara, puedo seleccionar hasta cinco que probablemente (muy probablemente) infrinjo…
Ni siquiera sé si vió mis papeles, tampoco recuerdo su cara, pero sólo me dijo: “Tenga cuidado” y me entregó mi licencia y tarjeta de circulación. Antes que terminara mi primera vez que me pasé un alto, di las gracias y me fui… Avancé una calle, llegué a casa y entré para escribir esto.
¿Quién lo iba a decir?