“No todo término merece el nombre de fin,
sino tan sólo el que es óptimo”.
Aristóteles
Algunas veces suelo verme desde afuera. Si hoy me topara conmigo, diría que traigo ese toque de felicidad moderado que hace bonitas a las personas.
Hoy no es “principio y fin” como suele ser, hoy es al revés. Este mes que nunca fue importante para mí, si tenía 28 o 29 días me daba igual. Hoy pongo fin a un ciclo, hoy es mi último día en el que fue mi primer trabajo, en el que desde hace casi seis años, cuando estaba aún en prepa, he venido creciendo, aprendiendo y compartiendo. Cuando llegué a la oficina, sobre mi escritorio había un reconocimiento de mis compañeros y alrededor globos y letras de colores que dicen: “¡Buena suerte!”. Dejo –laboralmente – las auditorías y el fascinante mundo de la calidad. El día comenzó y se consume, y este más que ninguno, no volverá.
Estoy contenta, porque seguido a este fin, le sigue un principio. Me decidí y ahora sí podré decir que soy como el poeta que decide trabajar en un banco. Repito, estoy contenta. Desde ayer inició una nueva etapa; salí a comer sola y terminé acompañada, preparé de sobre mesa mi computadora, lecturas y una charla, pero no fue virtual, sino que terminó siendo personal y muy constructiva.
Este fin; fin de mes y fin de una etapa, representa un inicio, aunque de cierto sé que siempre habrá un nuevo día y un nuevo lugar en donde comenzar.