Hoy traigo puestos mi boxer naranja y mis calcetines blancos con franja naranja, esos que compré hace unos cuatro meses haciendo honor a la libertad sexual.
Cuando uno prepara un coctel, mezcla algunos ingredientes y de lo que teníamos primero, nace otra cosa. Hoy me ha pasado eso. Si pudiera describirlo, diría que me siento estresada, cansada, desilusionada, preocupada, enojada, asombrada, impotente, confundida, arrepentida… Si pudiera describirlo, diría que me siento… pero mejor intento y lo cuento.
Estresada, porque hoy en la oficina fue un día laaaargo, de mucho trabajo. Cansado.
Todo el día estuve en una de esas cosas que tanto me fascina hacer (auditorías) que se tornó consultoría y que me gusta aún más. Pero desilusionada porque no me esperaba esos resultados, así que la consecuencia será ahora estar preocupada, enojada y asombrada.
Impotente porque mi hermano llevó mi coche al servicio y tardó seis horas, de las cuales dos contaron como horas extra en la oficina… y yo que salía temprano y lo único que quería era irme a casa, sumergirme entre las cobijas, ver TV y no saber nada más… por algo no es bueno hacer planes.
Confundida de ver a mi hermano como viviendo en otro mundo, observándonos y tratando de interactuar desde allá; porque yo no me explico cómo jerarquiza la importancia de que mi papá esté esperándolo las mismas seis horas y le preocupe más estar en servicio como paramédico y volver pronto a la delegación… y es que yo respeto su vocación y los servicios comunitarios a los que quiera destinar su tiempo, pero lo que no entiendo es que si estaba ocupado, ¿por qué intenta dividirse y finalmente está a la mitad allá y a la mitad acá?
Obviamente, toda la espera, los retrasos, la incertidumbre (ya que no lo localizábamos) y demás me tenía un poco molesta… y fue chistoso cómo estos días he visto a toda mi familia y hoy con un par de llamadas supe de los cinco. Pero bueno, decía que todo eso me hizo enojar, así que para rematar el coctel, cerré con arrepentimiento por sentir que soy dura con mi hermano.
Luego de todas las reflexiones y las etapas de mi ánimo, terminé comprando una cerveza holandesa: amarga, fuerte y nostálgica. Escribiendo un poco por la noche lo que pensaba publicar mañana.