“Creedlo, para hacernos amar no debemos
preguntar nunca a quien nos ama: ¿eres feliz?,
sino decirle siempre: ¡qué feliz soy!”
Jacinto Benavente
Hay veces en que uno siente tanto que alcanza hasta para los demás.
Ayer, además de autodestrucción, sentí algo de amargura, frustración y hastío.
A veces creo que eso (me) pasa por permanecer ciega, por no conformarme, por ensodercer.
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Sin darme cuenta, ayer inicié el día acomodando muebles y objetos en mi casa, me fui a la cama a las cuatro de la madrugada; tan no me di cuenta, que antes de dormir salí al Oxxo a comprar un café.
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Tres o cuatro horas después debía levantarme para ir a trabajar. Efectivamente desperté, pero ciertos malestares me hicieron optar por quedarme a descansar… y el reposo me sentó bien.
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Salí de mi casa luego del mediodía para hacer unos pendientes, todo el día estuvo lluvioso el clima, el tráfico pesado y los baches a la orden del día.
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Ni tardo ni perezoso, el auto (que no era mío, pues el mío está descompuesto) cayó en uno, cortando la llanta.
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Algunas calles después nos dimos cuenta que la llanta estaba casi vacía, al echarle aire supimos que además de vacía, estaba rota.
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Cuando veíamos el desponchado al otro lado de la calle, algún carro pasó y nos aventó un buen remojón de agua del cielo tratada… tratada por toooodos los coches que pasaron antes.
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Salimos del desponchado y conduje yo, antes de avanzar una cuadra un camión pasó por mi derecha y nuevamente me empapó.
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Imediatamente después de estacionarnos para ir a comer, llama cierta mamá dueña de cierto carro y nos dice que lo necesita de inmediato. Fue como si me quitaran el bocado de la boca.
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De inmediato fui y me quedé con mi hermano (sin noticias de mi carro) y ahí fui viendo como mis planes se iban directo y sin escalas a la basura.
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En este momento opuse toda mi resistencia a permanecer ciega, a no conformarme y a ensodercer.
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Finalmente, caminé entre veinte y veinticinco minutos, comimos y después salimos.
Por eso digo que hay días malos, pero hay otros que provocamos, que no nos detenemos ante malos augurios.