“Cuando estaba yo en mi causa primera, no tenía a Dios…;
me quería a mí mismo y no quería nada más,
era lo que quería y quería lo que era…”.
Julio Cortázar, Rayuela (cap. 70)
Nunca como hoy había apreciado tanto la salud. Doy gracias a Dios por sentirme tremendamente mal porque me extrajeron una muela (y no fue tercer molar) y sentir esa pérdida. Y doy gracias porque en realidad me duele y estoy valorando en una muela toda mi salud, no tuve que perder una mano, un brazo, una pierna para darme cuenta el gran don que tenemos y no cuidamos.
Me siento mal por sentirme tan mal por perder mi muela y me siento mal porque creo que nadie me entiende pero entiendo que no me entiendan.
Cuando inicié el tratamiento para aliviar mis males dentales pensé que todo iría bien, que con constancia en unas semanas estaría como nueva: sin dolor y sana. No siempre las cosas salen como quieres, pero ¿qué se le va a hacer? Ahora sé que la salud no se recupera y las secuelas siempre estarán aunque algunas sean menos perceptibles.
Pasé todo el día ocupada pero sin hacer nada. Pasé toda la tarde descansando, dormida, viendo televisión, leyendo y escribiendo. Me sentía anímicamente mal. Ahora me siento mejor, en parte porque cuando menos lo espero, pero cuando más lo necesito pasan cosas buenas: hoy tuve cercana a mucha gente que quiero y que es parte de mi vida, raramente hoy hablé con varios de ellos.